Si entramos en el mundo de laberintos que es nuestra diminuta mente, fuente de imaginación la cual se adentra en distintas direcciones y en el fondo se halla al minotauro, aquel ser rudo y que con brutal fuerza hace que aflore el temor hacia lo desconocido de nuestra mente, entramos en un colapso nervioso que no sabemos como enfrentarlo a cada momento y se halla en el mundo de la oscuridad y del terror que inventamos, para hacer que sobreviva sin la posibilidad de que podamos huir y cuando logramos soltarnos de las cadenas que nos atan y detienen.
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